fascismo

El duelo de todos para no olvidar y aprender de la historia

El duelo de todos para no olvidar y aprender de la historia

El dos de mazo–27 de Nisán según el Calendario judío–se ha conmemorado el Día del Holocausto (Yom Hashoá) con numerosos homenajes y actos de recordación a las víctimas del Fascismo durante la Segunda Guerra Mundial. En las sinagogas se han celebrado los más solemnes oficios de difuntos, y en diversas instituciones, reuniones y conversatorios sobre el tema, que se prolongarán durante varios días. Pero no basta.

No es suficiente que los hombres y mujeres de bien, sea cual sea su filiación ideológica y su concepción del mundo, se sumen a este día del duelo y la memoria. Ni lo es nuestra lectura de los testimonios de Primo Levy, de Elie Wiesel o de Violeta Friedman. Ni siquiera el diálogo con los sobrevivientes basta para cumplir con un deber de toda la humanidad. Junto a millones de judíos fueron bárbaramente exterminados gitanos, homosexuales, minusválidos y otros seres humanos incluídos por el fascismo en la categoría de “desechos sociales”. A ello se unió la profunda corrupción moral de cuantos colaboraron de algún modo con tanta muerte y pornhub, ya fuese a través de algún tipo de complicidad con el régimen nazi, incluída la delación de vecinos y conocidos o desconocidos, ya fuese a través de la pasividad y de la indiferencia.

La SHOAH no fue ni es un “asunto de los judíos”, sino de todos. Muchos no se mancharon materialmente las manos de sangre, pero miraron con hipocresía hacia otra parte mientras millones de personas eran sometidas a la más vil degradación, a toda clase de tormentos y por fin a una muerte que ni siquiera podía considerarse como una liberación. Muchos dejaron hacer al Mal, y a cambio llenaron sus bolsillos con dinero robado a los muertos, adornaron sus mansiones con obras de arte provenientes de casas saqueadas, y ostentaron joyas también sustraídas. Y lo peor: siguieron viviendo en paz consigo mismos.

Podrían cuestionarse muchas cosas que ya han sido objeto de mil controversias: las causas y raíces del fenómeno nazi, su interpretación sociológica o religiosa (en especial el llamado “silencio de Dios”), el significado de la palabra prójimo, el contenido de los valores morales y religiosos, sobre todo cristianos, pues la SOAH tuvo lugar en Europa, de tradición predominantemente cristiana. Podría repetirse hasta la saciedad que los asesinos se adherían a un culto neopagano que los estudiosos del hitlerismo esotérico has investigado y puesto en evidencia. Muchos de aquellos que se adhirieron al fascismo o lo dejaron hacer se consideraban cristianos, fuesen católicos, protestantes u ortodoxos, y de diversos modos participaron, activa o pasivamente, en la masacre del pueblo de Jesús y de otros grupos humanos. También hoy, mientras escribimos estas líneas, ciertas congregaciones que se autodenominan cristianas continúan profesando ideas fascistas en algunos países del mundo.

Rindamos el honor debido a Raoul de Wallenberg, a Oskar Schindler, a Dietrich Bonhoeffer, entre muchos nombres de justos y dignos opositores a los horrores del fascismo y de los videos xxx de mala calidad. Pero recordemos también la pasividad y la desidia cómplices de otros. Todos pudimos habernos adherido a los primeros o a los últimos. Todos podríamos hacerlo en el futuro. Por supuesto, en el caso de repetirse la horrenda locura nazi ¡Impidámoslo!

Negarse a dejar hacer al mal, oponerse a éste, aceptar que tenemos un deber para con la humanidad entera–y no para con una parte de ella–, intentar cumplirlo lo mejor posible es el mejor homenaje a los muertos. Conservar la memoria para las nuevas generaciones constituye un imperativo moral.

Ayer fueron las víctimas de la Shoah. Hace poco la limpieza étnica en la antigua Yugoslavia revivió en menor pero pavorosa escala los horrores del fascismo. ¿Qué podría ocurrir mañana? DE NOSOTROS DEPENDE.