Mis cuentos

Instrumentos mentales

Instrumentos mentales

Elton despertó esa mañana con un fuerte dolor de cabeza, hasta el canto de los pajarillos, que antes sería como un regalo de Dios, aquella mañana era una tortura. Tomó el control remoto del televisor, lo encendió, y aunque él así no lo quería empezó a empaparse con el mundo de allá afuera, ese mundo al cual él pertenecía pero al mismo que siempre se negó.

A él le daba asco tanta mezquindad y violencia. Los informes matutinos solo mostraban xxx, sangre y llantos. -Como pueden vivir en una sociedad así- pensaba Elton. Pero en realidad esto no era común, esta había sido una mañana excepcional, o mas bien un mes especial en la ciudad Cristal. Las ultimas semanas habían sido muy agitadas, conmovidas por una serie de muertes brutales, una serie de asesinatos con saña, en donde lo monstruoso era el único elemento común.

Elton desde entonces, desde que empezaron los horrendos crímenes vivía angustiado y con una intensa jaqueca. No podía entender como los hombres podían llegar a ese punto. No podía entender la naturaleza humana desnuda ante los ojos de terceros. No podía soportar ver al ser humano en su esencia misma. En realidad muy poca gente en el mundo está preparada para soportar al ser humano tal cual es: Cruel y Violento, un ser antisocial, egoísta y sin escrúpulos. Todo lo demás, todo lo otro que tenemos por hombre, es una simple respuesta adaptativa a uno de nuestros mayores inventos; la sociedad.

Y era a esa sociedad a la que Elton no quería pertenecer, era eso de lo que huía. Aunque en realidad sabía que era inútil; sabia que el dependía de la sociedad en una simbiosis en donde él era la rémora y la estructura el tiburón. Él sabia que la vida lejos de todo lo que estaba acostumbrado era casi imposible, por lo menos para él. Nunca tuvo, desde que empezó a querer librarse de los demás, la decisión y el coraje que tienen algunos monjes de aislarse del mundo y vivir retirados del sistema, en una eterna comunicación con la esencia misma de su ser.

El despertador de su teléfono celular sonó por segunda vez, la jaqueca persistía, y aquellas perturbadoras imágenes todavía bombardeaban la pantalla al final del tubo de vacío.

La mañana estaba lluviosa. Mientras sorbía su café mañanero pensaba en la vida y en la muerte, en el Eros y el Tanatos, pensaba en Fausto y Mephisto.. al mismo tiempo sabía que algo no funcionaba bien en su mente, él era Psicoanalista, y creía entender muy bien todo lo de la represión, – Tal vez deba conseguirme una mujer- decía en ocasiones. Desde que su mujer lo abandonó, creyó poder transformar todo ese estado angustioso en escritura, en arte, – si Nietzsche lo hizo por que él no -. A pesar de eso nunca pudo terminar un solo ensayo, cosa que no lo había preocupado hasta esa mañana. Sabia que toda esa situación constituía muchas presión para su mente ya aprisionada.

Revisó sus papeles y tomó dos libros: “La voluntad de Poder” y “Tótem y Tabú” los utilizaría como escudo ante sus alumnos de la cátedra de Psicología Clínica de la Universidad de los Sueños.

Condujo su auto, un AUDI del año, – Paradójicamente él era un Consumista Compulsivo- mientras Wagner lo acompañaba todo el camino y esos conciertos los transportaban a un mundo Kafkiano a un mundo en donde él era un sucio insecto y todos a su alrededor eran sus verdugos potenciales. Se transportó por un laberinto de callejuelas en donde se sentía seguro, en donde sentía una seguridad hogareña, en donde el olor a sangre, a esa sangre de la noche anterior que se secaba a la sombra de los edificios, a esa sangre que emano de alguna vena desgraciada, de alguna victima de la sociedad sucia y fétida la cual era absolutamente repulsiva para él, empapaba sus sentidios.

La lluvia volvió a ser patente al llegar a la universidad. Era rara esta ciudad, en ocasiones solo llovía en los extremos de la misma, en el centro el sol era agobiante Esto creo que responde a un clima tipo tropical.

Elton contemplo las gotas frías de la lluvia de octubre, y se concentraba en su desmesurada belleza, en esa belleza que solo puede existir producto de la química, de la unión abrupta de los elementos de la tabla periódica, producto de estar en el lugar preciso dentro del universo, en el momento también preciso. Esa gota de lluvia significaba mucho mas que un fenómeno atmosférico, esa gota de lluvia era el “Arke” para Elton. Era el principio de todo, de su vida y de todo el sentido que ella podía tener, esa gota de lluvia representaba el génesis mismo de toda la vida en la tierra, Elton estaba exaltado por estar tan cerca de sus principios, de sus comienzos, de lo que desconocía, de lo que temía, pero al mismo tiempo de lo que amaba y lo que él amaba era la duda.

Al ingresar al aula Elton seguía tarareando aquella melodía de Wagner, no por estar muy cómodo en el lugar -uno canta cuando esta cómodo en un sitio o cuando está nervioso- él estaba nervioso. Un coktail de hormonas del miedo se entremezclaban en su torrente sanguíneo desde las suprarrenales, la noradrenalina lo intoxicaba y la adrenalina lo mantenía en un estado de alerta constante.

Apenas si se percato de los alumnos que estaban esperándolo, y se dirigió a la maquina de café que se encontraba en el extremo opuesto a la puerta de entrada. Contemplo el vapor que se levantaba del liquido caliente contenido en un pequeño vaso de plástico. Por un momento sintió estar en aquella casa de su infancia, aquella en donde creció, aquella en donde conoció el amor y la muerte de su madre, aquella en donde sus recuerdos habitaban como ratones en un basurero.

Tomó asiento y saludó a la clase. Todos estaban comentando los acontecimientos de la noche anterior. Esto ya casi era costumbre en esta clase. Elton sin embargo después del saludo solo se limitó a escuchar los comentarios de la clase. Todos creían saber cual era el perfil del asesino, él por su parte no tenia una opinión formada al respecto y su única apreciación fue que podrían tratarse de varios asesinos y no de uno solo como casi todos especulaban.

La tarde lo asaltó de nuevo en el auto, ya no llovía en la periferia y el vaho a sangre infestaba toda la atmósfera, una atmósfera que lo increpaba y lo seducía al mismo tiempo.

La jaqueca no cesaba, y ahora se le sumaba un fuerte dolor de estomago, todo lo que lo rodeaba le parecía superfluo todo era como que se introducía de manera contundente en su vida, desde las direcciones de Internet que lo invitaban al sexo virtual, hasta las ridículas luces que alumbraban un templo, monumento al capitalismo eclesial, el peor de todas las formas de capitalismo, el que se alimenta de la desesperación y la ignorancia del pobre.

El sol se ocultaba tras las colinas que delimitaban la ciudad. El té helado estaba tentador en la heladera, él lo tomó, lo disfruto, lo sintió. Sentado junto a la chimenea encendió un cigarrillo y a medida que este se consumía, el dolor de cabeza se disipaba, a medida que el sol se ocultaba, el dolor de estomago se transformaba en una dulce sensación de bienestar, de amor tal vez…

Todo estaba diferente en el microclima que producía aquel aparato que acondicionaba el aire, en el display de su teléfono se podía leer la palabra “Diego” y en su rostro se podía ver una apacible sonrisa. Permaneció sentado en su silla de lectura hasta la 01:00 de la mañana hora en la que salió a dar una paseo, camino por los barrios de jardines imperturbables, se dirigió por el parque ya desierto a esas horas, paso por la calle de la casa de su esposa, o mas bien su ex esposa, y llego a aquellos laberintos urbanos, aquellos en donde la sangre delimitaba territorios. Elton había hoy pasado por aquí se lo oyó decir, como si el no fuera mas Elton. Pero ahí estaba él, el que afirmaba ser otro, el que afirmaba no ser mas el mismo de hace unas horas, allí estaba limpiando la maleza de la vida quejumbrosa de un buen amigo, un buen amigo que no lo conocía, un amigo que nunca lo había visto, pero un amigo en sangre, tal como “Diego” lo repetía cada vez que hundía su puñal en el cráneo de cada mendigo que encontraba tirado en la calle, allí estaba segando lo que a Elton molestaba, estaba realizando una utópica tarea, estaba eliminando la sociedad, estaba limpiando el mundo de Elton, era esto lo que repetía sin cesar. Elton había creado un instrumento de limpieza, un brazo ejecutor… uno al que él no conocía. Yo no puedo hablarles mucho de él, tal vez Elton lo sepa, creo que solo nos queda temer a nuestro mayor invento; la sociedad, puesto que es esta la que fabrica tantos “Diegos” en el mundo… Mejor me voy, ¿Quién puede hacer nada por esto? ¿Tengo potestad de poder siquiera emitir una opinión?, creo que no, dejemoslo a él – Diego – que siga con su trabajo, tal vez este tipo de entes sean necesarios para la humanidad misma, Tal vez esta sea una forma de selección natural, tal vez sea este un método de defensa de nuestra naturaleza misma, ahora yo no lo voy a juzgar…